“De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan.”
David no reparte la propiedad: la tierra entera y su plenitud pertenecen a Jehová. No hay rincón del mundo que escape a esa posesión.
No solo el suelo es suyo, sino todo lo que lo llena — cada cosecha, cada río, cada bien que hoy tienes en tus manos.
Tú también estás incluido en esa posesión. Esto no te empequeñece — significa que tu vida está bajo el cuidado de quien es dueño de todo.
Si todo es de Jehová, lo que llamamos 'mío' es solo prestado. Administramos con gratitud lo que en realidad siempre le perteneció a Él.
Si la tierra entera está en sus manos, puedes soltar el control apretado sobre lo que temes perder. El Dueño cuida de lo que es Suyo.
Actúa: elige hoy algo que tratas como propiedad tuya — tiempo, dinero o plan — y ofréceselo a Dios en oración como lo que siempre fue suyo.