“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!”
No recibiste un espíritu de esclavitud para vivir en temor. El Padre no te adoptó para que volvieras a temblar ante él.
El siervo trabaja para ser aceptado; el hijo ya fue recibido. El Espíritu de adopción cambia tu lugar en la casa de Dios para siempre.
'Abba' es la palabra más íntima de un niño hacia su padre. El mismo Espíritu que vive en ti enseña a tu corazón a llamarlo así.
La adopción no es una prueba que puedas perder; es un nombre que se vuelve tuyo. Tu seguridad no nace de tu desempeño, sino del amor del Padre.
Deja de orar como quien teme ser echado y ora como quien pertenece. El Padre no se cansa de la voz de los hijos que ama.
Actúa: hoy, antes de pedir nada, llama a Dios 'Padre' en voz alta y agradécele por haberte recibido como hijo, no como esclavo.