“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?”
David no llama al Señor solo refugio, sino luz. Donde la oscuridad intenta esconder el peligro, la presencia de Dios ilumina el camino por delante.
No dice que Dios puede salvar, sino que Dios es su salvación — algo ya seguro, no una posibilidad lejana que aún deba probarse.
'¿De quién temeré?' no busca respuesta — es una declaración disfrazada de pregunta. Ante tal luz y salvación, nada más pesa lo suficiente.
La palabra describe una fortaleza, un lugar alto y seguro. Tu vida está resguardada en un refugio que ninguna amenaza puede penetrar.
David repite la misma verdad con palabras distintas, como quien convence a su propio corazón. A veces la fe necesita decirse dos veces para creerse.
Actúa: escribe en una frase lo que más temes hoy, lee el versículo en voz alta sobre esa frase y entrégale ese miedo a Dios como quien entrega un peso.