“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.”
La palabra es deliberada: piensa, observa, dedica atención al otro. La fe que actúa mira fuera de sí y pregunta cómo ayudar al hermano a crecer.
El verbo es fuerte: incitar, despertar, encender. Somos llamados a provocar en otros aquello bueno que a veces está dormido en ellos.
No estimulamos la competencia ni la culpa, sino el amor. Una palabra justa en el momento justo puede reavivar en alguien el deseo de amar otra vez.
La fe crece mejor acompañada. Llegamos más lejos cuando alguien a nuestro lado nos recuerda servir, perdonar y seguir haciendo el bien.
Dios nunca quiso que anduviéramos aislados. El calor de una comunidad que se anima mantiene viva la fe que el cansancio intentaría apagar.
Actúa: busca hoy a una persona cansada en la fe y dile, de forma específica, el bien que ves en ella — anímala a dar el próximo paso.