“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos.”
Pedro dice que Dios nos hizo renacer. La vida nueva no es superación personal; es iniciativa suya desde el primer aliento.
La medida no fue nuestro mérito, sino su grande misericordia. La esperanza empieza donde termina el merecer.
El optimismo se marchita cuando cambian las circunstancias; la esperanza viva crece. Vive porque su fuente está viva.
Esta esperanza se apoya en un hecho de la historia: la resurrección de Jesús de entre los muertos. Los sentimientos oscilan; la tumba vacía, no.
Pedro continúa: una herencia incorruptible, reservada en los cielos para ti. Tu futuro está más protegido de lo que tú jamás podrías protegerlo.
Actúa: anota una situación que parece sin salida, escribe "esperanza viva" encima y empieza el día bendiciendo a Dios con las palabras de Pedro.