“Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?”
Dios acababa de decir "pide lo que quieras" — y es revelador lo que Salomón elige pedir cuando puede pedir cualquier cosa.
Salomón no pide larga vida, riqueza ni la muerte de sus enemigos — tres cosas que Dios después destaca como lo que él podría haber pedido.
Se llama "tu siervo" al hablar con Dios, aun siendo el rey de Israel. El liderazgo verdadero comienza al verse como siervo.
La petición no es por información, sino por discernimiento — la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo en situaciones reales y complicadas.
"¿Quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?" es una pregunta honesta de alguien que siente el tamaño de la tarea mayor que su propia capacidad.
Actúa: antes de tomar la primera decisión importante de tu día, detente y haz la oración de Salomón con tus propias palabras: pide un corazón que discierna el bien del mal.