“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”
Jesús no dice "haré resurrecciones". Dice "yo soy la resurrección". La esperanza tiene nombre y rostro.
Se lo dijo a Marta, al cuarto día de su duelo. Jesús pronuncia sus declaraciones más grandes dentro de nuestras pérdidas más hondas.
Aunque esté muerto, vivirá. En Jesús, la muerte deja de ser punto final y se vuelve una coma.
La vida eterna no es solo promesa para después; empieza en el momento en que crees. Él es la vida — en presente.
Tras la declaración, Jesús hace una pregunta: ¿crees esto? La doctrina solo se vuelve fe cuando se responde en persona.
Actúa: esta mañana respóndele a Jesús en voz alta — "Sí, Señor, yo creo" — y entrégale la situación que parece muerta.