“Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?”
Esta vez, es Abisai quien propone la violencia, y David tiene que detenerlo. Mantener una convicción a veces exige proteger a otros de actuar por ti.
Esta es la segunda ocasión en que David perdona a Saúl, probando que la cueva anterior no fue casualidad. El carácter se revela cuando la prueba se repite.
David convierte la situación en una pregunta retórica sobre la culpa ante Dios, no solo sobre estrategia militar. Piensa en términos de conciencia, no de ventaja.
El mismo principio del capítulo 24 reaparece aquí casi palabra por palabra. Las convicciones verdaderas no cambian según cambien las circunstancias.
David se lleva pruebas silenciosas de que podría haber matado a Saúl, sin necesidad de hacerlo. La prueba de integridad a veces es lo que eliges no hacer.
Actúa: si una vieja tentación ha vuelto a presentarse hoy, ora recordándole a Dios la misma convicción que ya tuviste la primera vez que la venciste.