“Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada, y traspásame con ella, para que no vengan estos incircuncisos y me traspasen, y me escarnezcan. Mas su escudero no quería, porque tenía gran temor. Entonces tomó Saúl su propia espada y se echó sobre ella.”
Herido y rodeado, Saúl pide que otro haga lo que él no puede enfrentar solo. La desesperación busca compañía incluso en el momento final.
El temor final de Saúl no es la muerte, sino la humillación ante los filisteos. Un reinado que comenzó con temor al pueblo termina con temor al enemigo.
Alguien alrededor de Saúl todavía tenía suficiente reverencia para negarse a esa petición. Aun en medio del colapso, un siervo fiel guardó sus límites.
El rey elegido por su estatura termina solo, por su propia mano. Un reinado que comenzó con gran promesa termina en desolación completa.
Este es el mismo monte donde David más tarde lamentará: "montes de Gilboa, no caiga sobre vosotros rocío". La tragedia deja huella incluso en la geografía.
Actúa: identifica el temor más profundo que llevas hoy sobre cómo van a terminar las cosas, y entrégaselo a Dios en oración en lugar de enfrentarlo solo.