“Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová.”
Saúl estaba indefenso en la misma cueva donde David se escondía. La tentación más peligrosa a veces llega vestida de oportunidad fácil.
David no confía solo en su propia fuerza de voluntad; clama a Dios para ser guardado de la tentación. Reconocer su debilidad es el comienzo de la victoria sobre ella.
Aun perseguido injustamente, David todavía llama a Saúl "mi señor". El honor puede sobrevivir incluso cuando la relación está quebrada.
David respeta el cargo de Saúl, no solo al hombre. Dejar que Dios trate con una posición que Él mismo estableció exige fe paciente.
En lugar de matar, David solo corta la orla del manto de Saúl, y luego su corazón lo perturba incluso por eso. Hasta el gesto más pequeño contra la autoridad de Dios pesa en la conciencia.
Actúa: piensa en una persona en autoridad hacia quien guardas resentimiento, y ora hoy pidiendo a Dios que contenga tu lengua o tus acciones contra ella.