“Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.”
Zacarías lo escribió unos quinientos años antes del Domingo de Ramos. Dios cumple su palabra hasta en los detalles.
Justo, salvador — y montado en un pollino. Su poder no necesita espectáculo para ser real.
Los reyes convocan; este Rey se acerca. No espera a que te arregles — viene a tu encuentro.
Humilde, pero trayendo salvación. La mansedumbre de Jesús es fuerza bajo control — autoridad que elige la ternura.
La primera orden del versículo es la alegría. Ante un Rey así, la respuesta correcta no es formalidad — es fiesta en el corazón.
Actúa: antes del desayuno, di en voz alta: “Jesús, reina sobre mi día” — y nombra el área que más necesita su gobierno hoy.