“No será quitado el cetro de Judá, Ni el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Siloh; Y a él se congregarán los pueblos.”
Siglos antes de que existiera un rey en Israel, Jacob ya señala a Judá — Dios escribe el final de la historia mucho antes de su desarrollo.
"No será quitado" es una promesa de permanencia, no de suerte — el linaje de Judá seguiría firme hasta el momento señalado.
La promesa tiene un blanco: "hasta que venga Siloh". Toda la historia de Judá caminaba hacia una Persona.
"A él se congregarán los pueblos" — la promesa nunca fue solo para Israel. Desde el principio, Dios tenía en la mira al mundo entero.
Siglos después, Apocalipsis llamará a Jesús "el León de la tribu de Judá" — esta bendición patriarcal es la primera semilla de ese título.
Actúa: Antes del desayuno, lee Apocalipsis 5:5 junto a este versículo y agradece a Jesús en voz alta por ser el cetro que vino para quedarse.