“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”
La multitud acababa de preguntar '¿qué haremos?', compungida de corazón — Pedro no ofrece teoría, da una respuesta práctica e inmediata.
Antes del bautismo, antes del don, viene el giro del corazón — el arrepentimiento no es vergüenza, es la puerta de entrada a todo lo que Dios quiere dar.
Pedro no habla a un líder ni a un grupo especial — habla a cada persona individualmente, porque el evangelio siempre llega persona por persona.
'Para perdón de los pecados' no es lenguaje simbólico — es la promesa concreta de que la culpa real encuentra una solución real en el nombre de Jesús.
El Espíritu Santo no es una recompensa por buen comportamiento — es un don prometido a quien se vuelve a Cristo, un regalo que continúa la obra que el arrepentimiento comenzó.
Actúa: Nombra ante Dios, en oración, un pecado específico que has evitado confesar, y pide perdón por él ahora, sin aplazarlo.