“Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!”
Tomás exigió ver antes de creer, y Jesús no lo rechazó por eso — vino hasta Tomás, lo encontró exactamente en su incertidumbre.
'Señor mío, y Dios mío' no es solo sorpresa — es la declaración más clara de toda la Biblia de que Jesús es plenamente Dios.
Tomás no dijo 'el Señor' de forma distante — dijo 'mío', haciendo personal lo que antes era solo doctrina.
Jesús ofreció las evidencias que Tomás pidió, pero el encuentro hizo mucho más que convencer su mente — transformó su corazón en adoración.
Poco después, Jesús bendice a quien cree sin ver — estás entre aquellos que Él llamó bienaventurados en esta misma escena.
Actúa: Di hoy en voz alta, a solas, 'Señor mío, y Dios mío', y nombra un área de tu vida que aún no has entregado a ese señorío.