“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.”
Pablo pregunta lo que todos deberíamos preguntar: ¿de quién estoy buscando aprobación? La respuesta define la vida entera.
Quien vive para agradar a todos se vuelve esclavo de todos. No se puede servir a dos audiencias.
En Cristo, el veredicto ya salió: aceptado. No obedeces para ganar aprobación — obedeces a partir de ella.
Obedecer a Dios, a veces, significa decepcionar a personas. Es una de las formas más silenciosas de valentía.
Vive el día de hoy consciente de una sola mirada: la del Padre. Una audiencia de Uno lo simplifica todo.
Actúa: identifica una decisión que has estado tomando para agradar a alguien y, antes del desayuno, llévala a Dios en oración — y decide delante de Él.