“y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.”
Job perdió hijos, rebaños y bienes el mismo día, y lo primero que hizo fue postrarse y adorar. El dolor no canceló la reverencia.
Job mira toda su vida con la honestidad de quien sabe que no trajo nada y no se llevará nada. Eso libera las manos para soltar lo que se perdió.
Antes de hablar de la pérdida, Job reconoce el don. Todo lo que tenía, incluso lo que ahora faltaba, vino primero de la mano de Dios.
Job no culpa a ladrones, tormentas ni al azar — sitúa incluso la pérdida bajo la soberanía de Dios, sin fingir entender por qué.
La frase termina en alabanza, no en resignación amarga. Job elige bendecir a Dios antes de tener ninguna respuesta.
Actúa: antes del desayuno, nombra una pérdida que aún no entiendes y di en voz alta: "Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito."