“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia.”
Salomón, que levantó el templo, lo sabía: toda obra que permanece tiene a Dios detrás. El verdadero cimiento es invisible.
Se puede sudar el día entero y construir en vano. Actividad sin Dios es movimiento; con Dios, es edificación.
Antes del cronograma, la consulta. Llevar los planes a Dios primero es sentar al Arquitecto a la mesa del proyecto.
No es una oración de inauguración, es sociedad de obra: cada etapa entregada, cada decisión consultada.
Si el Señor guarda la ciudad, tú puedes descansar. La ansiedad trabaja de madrugada; la confianza duerme en paz.
Actúa: antes del desayuno, entrega a Dios en una frase el mayor proyecto de esta semana: 'Señor, constrúyelo tú.'