“Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos.”
David acumula palabras — magnificencia, poder, gloria, victoria, honor — porque ninguna sola basta para describir a quien todo pertenece.
Nada de lo que existe escapa a esta posesión — lo que tienes, lo que eres, y lo que aún esperas alcanzar ya pertenecen a Dios antes de pertenecerte a ti.
David era rey, pero se inclina ante un Rey mayor — reconocer que el reino es de Dios es el primer paso para gobernar bien cualquier cosa que Él te haya confiado.
Ningún poder terrenal, por grande que parezca, está al mismo nivel de Dios — esta verdad pone en orden cada miedo y cada ambición que llevas hoy.
David declara esto delante de toda la asamblea, no en secreto — la adoración verdadera no se avergüenza de ser vista y oída por otros.
Actúa: Ora en voz alta esta oración de David sobre un área de tu vida donde has actuado como dueño — reconoce hoy que le pertenece a Dios.