“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”
La luz es suya; tú eres la lámpara. Brillar no es exhibirse: es reflejar a Aquel que te encendió.
Jesús habla de buenas obras que pueden verse. La fe verdadera deja huellas visibles en la rutina.
La meta del brillo no es tu aplauso, sino que glorifiquen al Padre. Buenas obras con la flecha apuntando hacia arriba.
En el trabajo, la luz tiene nombres simples: honestidad, plazos cumplidos, paciencia, ayuda sin factura. Obras pequeñas, gran claridad.
El miedo al qué dirán es el almud moderno. No escondas por timidez lo que Dios encendió por amor.
Actúa: antes del desayuno, envía un mensaje de ánimo a un colega — luz encendida desde la primera hora.