“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.”
Pablo cambia el destinatario de tu esfuerzo: por encima del jefe, del cliente y del cargo está el Señor. Eso transforma cualquier lunes.
Trabajar a medias cansa más que trabajar entero. Dios invita tu corazón a la tarea, no solo tus manos.
Una planilla, una obra, una cocina, un correo: hechos para el Señor, se vuelven ofrenda. No hay tarea común en manos que aman.
La excelencia escondida no se pierde. Lo que nadie nota, el Señor lo recibe — y es delante de Él que trabajas.
Quien trabaja para el Señor no vive preso del elogio ni se derrumba con la crítica. La evaluación que importa ya tiene dueño.
Actúa: antes del desayuno, escribe tu primera tarea de hoy y ora sobre ella: 'Señor, esta es para ti.'