“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.”
Admitir que te falta sabiduría no es debilidad; es el punto de partida. Dios no espera que ya sepas — espera que pidas.
Santiago no manda buscar una fórmula; manda pedir a Dios. La oración más sabia del día puede ser la más simple: "Señor, no sé. Enséñame."
Dios no pone los ojos en blanco cuando vuelves con la misma duda. Él da abundantemente — sin reproche, sin hacerte sentir pequeño.
Santiago escribe a personas en medio de pruebas. La promesa no es para días tranquilos; es para la decisión difícil que enfrentas ahora.
"Y le será dada" — no quizás, no a lo mejor. Quien pide sabiduría a Dios nunca se va con las manos vacías.
Actúa: antes del desayuno, nombra en voz alta la decisión que más te pesa hoy y pídele a Dios sabiduría para ella, en una frase honesta.