“Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos.”
Ezequías había orado apenas horas antes — la respuesta de Dios no esperó días ni años, llegó antes del amanecer siguiente.
Ciento ochenta y cinco mil soldados asirios contra un solo mensajero celestial — los números humanos no miden el poder de Dios.
Jerusalén despertó salvada sin haber levantado una espada — toda la victoria ocurrió mientras el pueblo de Dios solo dormía y confiaba.
Ezequías había extendido la carta amenazante de Senaquerib delante de Jehová en el templo — esta masacre fue la respuesta directa a esa oración.
Este fue el momento decisivo que probó públicamente que confiar en Jehová, y no en alianzas, era el camino de la seguridad real.
Actúa: escribe en una frase la amenaza o el temor que más te rodea hoy y ora esa frase delante de Dios como hizo Ezequías con la carta.