“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”
Ninguna semilla de bien se pierde. Lo que siembras en silencio, Dios lo cuida de cerca.
Entre la siembra y la cosecha hay una estación que no se apura. El calendario es de Dios; la promesa también.
Este versículo existe porque cansarse es posible. Dios no ignora tu fatiga; la conoce — y te sostiene.
El trigo madura despacio, lejos de la vista. Que no veas resultados no significa que nada esté pasando.
Hacer el bien rara vez es grandioso: es la comida llevada, el mensaje enviado, la puerta sostenida. Sigue.
Actúa: antes del desayuno, envía un mensaje de ánimo a alguien que está cansado. Una semilla pequeña, sembrada hoy.