“Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.”
La única prisa que Santiago recomienda es la de oír. Escuchar primero es el comienzo de la sabiduría — y de la paz.
La pausa no es debilidad; es donde la palabra gana peso. Quien tarda en hablar suele hablar mejor.
Santiago lo completa en el versículo siguiente: la ira humana no produce la justicia de Dios. Examina la tuya antes de soltarla.
Dar a alguien tu atención entera es una forma silenciosa de amor. Pocas cosas sanan tanto como ser escuchado de verdad.
Ser tardo para la ira no es tragarlo todo; es fuerza bajo control. Así se describe Dios a sí mismo: lento para la ira.
Actúa: en la primera conversación de hoy, escucha hasta el final sin interrumpir — y haz una pregunta antes de opinar.