“Y aconteció que al sepultar unos a un hombre, súbitamente vieron una banda armada, y arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo; y cuando llegó a tocar el muerto los huesos de Eliseo, revivió, y se levantó sobre sus pies.”
El miedo a la banda invasora hizo que los hombres actuaran demasiado rápido para pensar — y esa prisa, sin querer, los llevó directo al milagro.
Nadie planeó ese contacto; fue un accidente de pánico que Dios usó como instrumento mismo de la resurrección.
Eliseo ya estaba muerto y enterrado — y aun así el poder de Dios que operaba por medio de él seguía vivo en sus huesos.
El hombre no solo respiró de nuevo, se levantó — la resurrección de Dios no devuelve una vida débil, devuelve una vida de pie.
Este fue el último milagro asociado a Eliseo, probando que el Dios al que sirvió en vida seguía actuando más allá de su muerte.
Actúa: lleva hoy a Dios el área de tu vida que parece muerta y sin salida, y pide específicamente por ese mismo poder que levanta muertos.