“El atalaya volvió a decir: También éste llegó a ellos y no vuelve; y el marchar del que viene es como el marchar de Jehú hijo de Nimsi, porque viene impetuosamente.”
El atalaya reconoce a Jehú solo por su manera de conducir — algunas personas cargan un llamado tan marcado que es visible aun de lejos.
Ya se habían enviado dos jinetes y ninguno volvió — Jehú era demasiado irresistible para ser desviado de su misión.
La prisa de Jehú no era descontrol; era urgencia divina cumpliendo el juicio profetizado contra la casa de Acab.
Elías había predicho el fin de la dinastía de Acab años antes — la carrera furiosa de Jehú es la Palabra de Dios llegando a su destino.
Lo que parecía demorar — el juicio sobre la maldad de la casa de Acab — llegó con toda su fuerza cuando Dios decidió que era hora.
Actúa: identifica una tarea que Dios ya te dio y que has postergado con cautela excesiva, y atácala hoy con la misma urgencia de Jehú.