“Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.”
El joven despertó viendo solo al ejército enemigo rodeando la ciudad — el miedo es lo que vemos cuando los ojos aún no han sido abiertos.
Eliseo ya veía la realidad espiritual; su oración no fue por sí mismo, sino para que el siervo aterrorizado pudiera ver lo que él ya sabía.
Dios no cambió la situación, cambió la visión — el ejército de fuego ya estaba ahí antes de la oración, solo invisible a los ojos naturales.
El monte entero estaba lleno — no una pequeña reserva, sino una fuerza abrumadora alrededor de un solo profeta.
Eliseo ya le había dicho al siervo: no temas, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos — esta visión prueba la promesa.
Actúa: donde hoy solo ves amenaza, ora con las mismas palabras de Eliseo — "Señor, abre mis ojos para que vea" — antes de decidir con miedo.