“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.”
Caminar es el ritmo de lo pequeño y constante. La vida en el Espíritu se construye paso a paso, no a saltos.
Pablo no manda apretar los dientes contra la carne. Señala una compañía: anda con el Espíritu y la victoria llega.
La carne desea, pero el Espíritu enciende un deseo más profundo. Alimenta el deseo correcto y el equivocado pierde fuerza.
El amor, el gozo y la paz no se fabrican; crecen. Quien anda con el Espíritu cosecha lo que Él siembra.
No tienes que vencer el año entero, solo los pasos de hoy. Mantén el paso con Él hasta la noche.
Actúa: antes del desayuno, entrega al Espíritu la primera decisión del día — la primera palabra, el primer clic — y pide: "Guía mi paso."