“Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?”
En la cúspide de su mayor logro, Salomón hace una pregunta que revela humildad: ¿será verdad que Dios habitará aquí?
Ni el cielo más alto logra contener la grandeza de Dios — imagina, entonces, un templo construido por manos humanas.
Salomón pasó siete años construyendo el templo y aun así reconoce: el edificio no aprisiona a Dios, solo lo recibe como huésped de honor.
El mismo Dios demasiado grande para los cielos elige encontrarse con su pueblo en un lugar específico. Grandeza y cercanía no se excluyen.
Antes de pedir cualquier cosa en esta oración de dedicación, Salomón se detiene a maravillarse. La adoración verdadera comienza reconociendo cuán grande es Dios.
Actúa: antes de pedir cualquier cosa en oración hoy, pasa un minuto entero solo reconociendo en voz alta cuán grande e incontenible es Dios.