“cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a recibirme, cuando regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová, y lo ofreceré en holocausto.”
Jefté dice estas palabras en un momento de tensión, antes de saber el resultado de la batalla. La prisa del miedo produce promesas que la calma jamás haría.
El capítulo muestra que el Espíritu del Señor ya estaba sobre Jefté antes del voto. Él negoció por algo que Dios ya estaba dispuesto a conceder de gracia.
Cuando su hija salió a recibirlo, Jefté descubrió el costo real de una promesa hecha sin pensar en quién podría salir primero por la puerta.
Eclesiastés advierte: es mejor no hacer voto que hacerlo y no cumplirlo. La historia de Jefté ilustra por qué esta sabiduría importa tanto.
Jesús más tarde enseñaría: que vuestro sí sea sí. La vida de Jefté es una advertencia sobre la diferencia entre fe genuina y promesa apresurada.
Actúa: Antes del desayuno, revisa cualquier promesa apresurada que hayas hecho recientemente a Dios o a alguien, y ora pidiendo sabiduría antes de repetirla o cumplirla.