“Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar.”
Caleb espió la tierra prometida décadas antes y todavía carga la misma fe viva — la promesa de Dios no envejeció con él.
A los ochenta y cinco años, Caleb testifica un vigor igual al de su juventud. Su confianza en Dios mantuvo firme su cuerpo y espíritu.
El texto lo llama repetidamente alguien que 'siguió plenamente al Señor' — una vida entera de fidelidad sin términos medios.
Caleb no pide la tierra más fácil — pide exactamente el monte fortificado que los otros espías temieron décadas antes.
Moisés prometió esta tierra a Caleb cuarenta y cinco años antes. El tiempo no borró la palabra dada — Dios y Caleb la recordaron.
Actúa: Nombra la promesa antigua de Dios que has guardado por años y, como Caleb, pídela de vuelta hoy con la misma fe de entonces.