“Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.”
El norte y el sur se encuentran en los polos; el oriente y el occidente jamás se tocan. David eligió la única distancia que no termina.
Dios no esconde el pecado debajo de la alfombra; lo lleva lejos. Lo que fue quitado ya no vive aquí.
Cuando Dios perdona, no guarda copia del expediente. La acusación que todavía resuena en ti no viene de Él.
Revivir la culpa que Dios ya se llevó es deshacer el viaje que Él hizo por ti. Déjala donde Él la dejó.
Quien cree en esa distancia vive distinto: ora con confianza, comienza de nuevo sin vergüenza y trata a otros con la misma anchura.
Actúa: escribe en un papel el pecado que más vuelves a confesar, da gracias a Dios porque ya fue quitado — y rompe el papel antes del desayuno.