“Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa.”
Jesús más tarde explicaría que esta permisión existía por la dureza del corazón humano, no porque reflejara el ideal original de Dios para el matrimonio.
La ley no permitía el abandono informal — exigía un documento formal en la mano de la mujer, protegiéndola de acusaciones futuras y ambigüedad legal.
Al exigir un proceso formal, la ley restringía el poder arbitrario del esposo — aun en una cultura patriarcal, Dios ponía frenos al abuso.
El profeta Malaquías más tarde declararía directamente que Dios aborrece el divorcio — esta permisión nunca fue una aprobación alegre, sino una concesión triste.
Cuando le preguntaron sobre esta ley, Jesús volvió a Génesis, al diseño original de Dios para el matrimonio — la ley no define el ideal, solo administra la caída.
Actúa: Envía hoy un mensaje de aliento específico a una pareja que conoces, orando para que la dureza de corazón nunca defina su relación.