“no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.”
La ley exigía urgencia en el entierro — dejar un cuerpo expuesto durante la noche sería una afrenta a la dignidad que aún llevaba el culpable.
Ser colgado en un madero llevaba un peso espiritual, no solo físico — la ley nombra directamente esta condición como maldición divina.
La preocupación de Dios se extendía más allá de la persona hasta la propia tierra — la herencia que él daba debía permanecer pura ante él.
En Gálatas 3:13, Pablo cita exactamente este versículo para explicar por qué Cristo fue hecho maldición por nosotros en la cruz.
Un mandamiento antiguo sobre la ejecución se convierte, siglos después, en la clave para entender lo que Cristo hizo al ser colgado en nuestro lugar.
Actúa: Lee Gálatas 3:13 junto a este versículo y agradece a Jesús, en voz alta y por su nombre, por haberse hecho maldición para que tú fueras libre.