“Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”
Ninguna tentación que te alcanzó es exclusivamente tuya; otros ya pasaron por ella y siguieron en pie. Tu lucha no te convierte en un caso perdido.
La promesa no descansa en tu fuerza de voluntad, sino en el carácter de Dios. Su fidelidad es el suelo firme debajo de tu lucha.
Nada llega a ti sin pasar antes por las manos de Dios. Él conoce tu límite mejor que tú y no permitirá más que eso.
Junto con la tentación, Dios ya proveyó la salida. En lugar de mirar fijo la puerta de la tentación, pide ojos para ver la puerta de escape.
A veces la salida no es que la prueba desaparezca, sino fuerzas para atravesarla. Dios te sostiene en medio del camino, no solo al final.
Actúa: identifica la tentación más probable de hoy y decide ahora, delante de Dios, cuál será tu salida cuando llegue.