“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.”
Antes de cualquier mandamiento de amar, viene la orden de escuchar — la fe comienza prestando atención a quién es Dios antes de decidir qué hacer.
En medio de naciones que adoraban muchos dioses, Israel declaraba un único Señor — esta verdad unifica toda devoción en un solo centro.
El amor exigido aquí no es parcial — Dios pide el corazón entero, sin reservar un rincón para otros afectos que compitan con él.
El amor a Dios se extiende al alma y a las fuerzas — abarca emoción, voluntad y energía física, cada parte de quien eres.
Cuando le preguntaron sobre el mayor mandamiento, Jesús citó exactamente este pasaje — el Shemá sigue siendo el centro gravitacional de toda la ley.
Actúa: Al despertar mañana, antes de tomar el teléfono, recita en voz alta "el Señor es uno" y ofrécele tu corazón, alma y fuerzas para el día.