“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.”
Dios no busca actuación religiosa; busca un corazón blando. La ofrenda que espera eres tú, entero y sin máscara.
Lo que a ti te parece ruina, para Dios es bienvenido. Él nunca le cierra la puerta a un corazón quebrantado.
En las manos de Dios, el quebranto es comienzo, no final. Por ahí entra la gracia.
La contrición mantiene el corazón arable; el orgullo lo endurece. Dios siembra donde la tierra está abierta.
David escribió este salmo desde el suelo del fracaso, y todavía lo cantamos. Dios convierte la contrición en testimonio.
Actúa: antes del desayuno, escribe una frase de confesión honesta y léesela a Dios como ofrenda de la mañana.