“Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros.”
El fuego no lo encendieron los sacerdotes — salió 'de delante de Jehová'. La aceptación del sacrificio fue obra de Dios, no logro humano.
El fuego consumió el holocausto y las grosuras sobre el altar — no quedó nada por negociar. La ofrenda fue recibida por completo.
Esto no fue una señal reservada a los sacerdotes — 'todo el pueblo' lo vio. Dios quería que nadie dudara de que había sido aceptado.
La respuesta al fuego no fue terror silencioso, sino grito — alegría audible ante la evidencia de que Dios los había recibido.
La alegría y la reverencia llegaron juntas — se postraron rostro en tierra. Ver la gloria de Dios derriba y levanta a la vez.
Actúa: Arrodíllate esta mañana y agradece en voz alta que el sacrificio de Cristo por ti ya fue plenamente aceptado por Dios — sin necesitar ninguna otra prueba.