“Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra.”
El versículo comienza con identidad, no con regla. Antes de cualquier instrucción viene el recordatorio de quién es el Dios que habla.
Santificarse es un acto deliberado de separación — no es accidente de buen comportamiento, sino elección de pertenecer a Dios.
La razón de la santidad no es una lista de reglas, sino el propio carácter de Dios — reflejas quién es Él.
Lo que se arrastra sobre la tierra es imagen — el pecado también repta, sin prisa, hasta contaminar sin que lo notes.
Dios dio reglas hasta sobre qué comer — nada en la vida quedaba fuera del alcance de la santidad. Nada en tu vida queda fuera hoy.
Actúa: Elige un área común de tu día — tu comida, tu manera de hablar, tu pantalla — y conságrala a Dios hoy, diciendo en oración: 'Esto también es tuyo.'