“Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.”
Las tablas llegan al final de un largo tiempo de conversación en el monte — la palabra escrita corona una conversación ya vivida, no la sustituye.
"Tablas de piedra" garantizaban durabilidad — la ley de Dios no se dio en material frágil, sino en algo hecho para durar generaciones.
Ninguna mano humana esculpió estas palabras — el origen divino del texto se declara de forma directa, sin intermediario en la escritura.
Llamadas "tablas del testimonio", darían testimonio permanente del pacto entre Dios y su pueblo, guardadas dentro del arca.
Poco después de este momento sagrado, el pueblo se volvería al becerro de oro — la fidelidad de Dios permanece firme incluso ante la infidelidad humana.
Actúa: Antes del desayuno, elige uno de los Diez Mandamientos y escríbelo a mano en un papel, dejándolo visible todo el día.