“Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.”
No es un título que los hombres le otorgan — es un nombre escrito en él mismo, grabado donde nadie puede borrarlo ni reclamarlo para sí.
El lugar del nombre — vestidura y muslo, donde un guerrero llevaba su espada — declara que esta realeza viene con poder para actuar, no solo para reinar de nombre.
Todo trono humano, por más grandioso que sea, se inclina ante este título — ningún rey de la tierra puede reclamar autoridad que no venga de él.
El segundo título suma poder sobre poder — no hay autoridad doble, triple o colectiva que se compare con la suya.
Este es el mismo Cordero que murió — apareciendo ahora montado, guerrero y rey, sin ocultar más quién siempre fue.
Actúa: Hoy, entrégale a Él, en oración, un área específica de tu vida donde todavía gobiernas como si fueras tu propio rey.