“para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”
Este versículo concluye uno de los himnos más antiguos de la iglesia sobre Cristo — después de describir su humillación, el himno termina en exaltación total.
El nombre que sonaba tan común en Nazaret ahora es el nombre ante el cual toda la creación se dobla — la exaltación sigue directamente a la humildad que Él eligió.
'En los cielos, en la tierra y debajo de la tierra' cubre absolutamente todo lo que existe — no hay esfera de la creación exenta de esta sumisión final.
'Toda lengua confiese' incluye voces que hoy niegan o ignoran a Jesús — llegará el día en que la verdad será declarada por todos, con o sin alegría.
Toda esta alabanza a Jesús no compite con la gloria del Padre — culmina exactamente allí, porque exaltar al Hijo siempre glorifica a Aquel que lo envió.
Actúa: Arrodíllate físicamente en algún momento hoy y declara en voz alta 'Jesucristo es el Señor', eligiendo ahora la confesión que un día será universal.