“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”
Este momento sucede durante la Pascua, una comida que los discípulos ya conocían bien — Jesús transforma lo familiar en algo totalmente nuevo delante de ellos.
El pan se da con un mandamiento simple de recibir — la fe aquí se expresa en acción física, tomando y comiendo, no solo en entendimiento mental.
Jesús liga directamente el pan partido a su propio cuerpo que sería entregado — el gesto físico de partir apunta al sacrificio físico que ya se acercaba.
La copa representa un nuevo acuerdo sellado con sangre, recordando los pactos antiguos — pero esta vez, el propio Dios provee el sacrificio que sella la promesa.
El propósito se declara sin ambigüedad — esta sangre es derramada específicamente para el perdón de pecados, no como símbolo vago, sino como medio concreto de redención.
Actúa: Si tienes oportunidad de participar de la Cena esta semana, o incluso hoy en oración, agradece en voz alta específicamente por el perdón que este sacrificio concede.