“Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte.”
'Yo te he puesto por atalaya' es un nombramiento divino, no una tarea que Ezequiel eligió para sí mismo. Dios también te ha puesto en algún lugar de observación — pregúntate dónde.
Antes de advertir a alguien, el atalaya necesita oír la palabra de la boca de Dios — ninguna advertencia genuina nace de la propia opinión.
'Los amonestarás de mi parte' significa que el mensaje no pertenece a Ezequiel — él es solo el mensajero fiel de una advertencia que no es suya.
Un atalaya que ama a su pueblo no calla ante el peligro — la advertencia es, en el fondo, un acto de cuidado, no de juicio.
Los versículos siguientes dejan claro: si el atalaya no advierte, él carga parte de la culpa — la fidelidad en advertir te libera de la responsabilidad por el resultado.
Actúa: Piensa en alguien que Dios ha puesto bajo tu mirada y dile a esa persona, hoy, una verdad que has postergado por miedo a incomodar.