“Cuando Jehudí había leído tres o cuatro planas, lo rasgó el rey con un cortaplumas de escriba, y lo echó en el fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se consumió sobre el fuego que en el brasero había.”
Jeremías había dictado a Baruc años de mensajes proféticos — meses de trabajo concentrados en un solo rollo que estaba a punto de ser destruido en minutos.
El rey no quema el rollo de una vez — escucha tres o cuatro planas, lo corta, y lo echa al fuego, repitiendo el proceso con fría deliberación calculada.
Esto no es indiferencia pasiva — es rechazo activo y metódico de la palabra de Dios, un retrato del corazón humano que prefiere destruir la verdad antes que arrepentirse de ella.
Poco después de este episodio, Dios manda a Jeremías reescribir el rollo, añadiendo aún más palabras de juicio — el fuego destruye el papiro, pero no destruye el mensaje de Dios.
Es fácil condenar al rey desde lejos — pero vale la pena preguntar: ¿existe alguna parte de la Escritura que tú también prefieres cortar y descartar en lugar de obedecer?
Actúa: Lee hoy un pasaje de la Escritura que sueles evitar por ser incómodo, y ora pidiendo a Dios disposición para recibirlo en lugar de descartarlo.