“¡Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti;”
Jeremías ora estas palabras mientras Jerusalén está sitiada por el ejército babilónico — acababa de comprar un campo por orden de Dios, un acto de fe en plena catástrofe.
Antes de pedir cualquier cosa, Jeremías recuerda quién es Dios — el que hizo el cielo y la tierra. La oración correcta muchas veces comienza recordando el poder de Dios, no nuestra necesidad.
Las dos imágenes juntas — poder y brazo extendido — evocan el propio éxodo de Egipto, recordando que este es un Dios con historial comprobado de actuar a favor de su pueblo.
'Nada hay que sea difícil para ti' no es un salto de fe ciega — es la conclusión inevitable de quien ya reconoció que Dios creó todo lo que existe.
Comprar tierra en una ciudad a punto de caer parecía locura financiera — pero era una señal profética de que la restauración vendría, incluso después del exilio prometido.
Actúa: Nombra la situación en tu vida que parece más imposible ahora, y ora en voz alta 'nada hay que sea difícil para ti' específicamente sobre ella.