“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento;”
Después de probar placer, trabajo, riqueza y sabiduría humana, el Predicador llega cerca del final del libro con un solo consejo final y directo.
El momento correcto es temprano, no tarde — acordarse de Dios antes de que las fuerzas y la claridad empiecen a menguar cambia el rumbo de toda la vida.
El texto no finge que la vida solo empeora con el tiempo por casualidad — reconoce con honestidad que llegan días sin contentamiento para todos, más temprano o más tarde.
Quien ya se acordó de Dios en la juventud entra en los días difíciles con una raíz plantada — la memoria viva del Creador sostiene cuando el contentamiento se desvanece.
El texto elige la palabra Creador — acordarte de quien te formó coloca cada elección de la juventud dentro de un propósito mayor que tú mismo.
Actúa: Reserva cinco minutos ahora para recordar en voz alta quién es Dios para ti, y comprométete a hacer de esto un hábito diario mientras aún es temprano.