“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.”
Los peregrinos subían por caminos peligrosos rodeados de montes — la pregunta del salmista nace de un peligro real, no de un miedo abstracto.
"¿De dónde vendrá mi socorro?" no es retórica vacía — es la pregunta sincera de alguien que necesita ayuda de verdad y aún no sabe dónde encontrarla.
El salmista no deja la pregunta flotando — en el mismo aliento ya responde, porque la certeza de Dios no necesita muchas palabras.
Quien hizo los cielos y la tierra es mayor que cualquier monte peligroso en el camino — el tamaño de tu socorro se mide por el tamaño de quien lo da.
Levantar los ojos es un acto del cuerpo, no solo de la mente — cuando estás ansioso, cambiar literalmente lo que ven tus ojos ya es un paso de fe.
Actúa: La próxima vez que la ansiedad apriete hoy, alza literalmente los ojos al cielo y di en voz alta de dónde viene tu socorro.