“Padre de huérfanos y defensor de viudas Es Dios en su santa morada.”
De todos los títulos que Dios podría reclamar, el salmista escoge este: Padre de huérfanos — un Dios que se define por cuidar a quien no tiene a nadie.
Él no solo simpatiza de lejos con las viudas — actúa como su defensor, tomando el lado de quien no tiene quien lo defienda.
Este cuidado no viene de fuera de lo que Dios es — lo ejerce desde su propia santa morada, desde el centro de su ser.
Huérfanos y viudas representan a quienes la sociedad antigua olvidaba con más facilidad — y es exactamente a quienes Dios más se acerca.
Si este es el corazón de Dios, se convierte también en el patrón para el nuestro — cuidar de quien nadie más está cuidando.
Actúa: Piensa en un huérfano, una viuda o alguien vulnerable que conozcas, y haz hoy mismo un gesto concreto de cuidado hacia esa persona.