“Y cantaban, alabando y dando gracias a Jehová, y diciendo: Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba con gran júbilo, alabando a Jehová porque se echaban los cimientos de la casa de Jehová.”
Cantaron la misma frase usada por David siglos antes. Una alabanza antigua, cantada sobre una ruina recién levantada, sigue siendo verdadera.
Antes del canto vino el trabajo: piedra sobre piedra, sobre las ruinas del templo destruido. La alabanza coronó el esfuerzo, no lo reemplazó.
"Para siempre es su misericordia sobre Israel" — dicho por un pueblo recién vuelto del exilio. La fidelidad de Dios sobrevive incluso al peor capítulo.
"Todo el pueblo" aclamó junto, en voz alta. Algunos momentos de gratitud piden volumen, no recato.
Era apenas el cimiento — ni paredes, ni techo todavía. Pero ya merecía fiesta, porque todo recomienzo fiel merece ser celebrado.
Actúa: antes del desayuno, agradece en voz alta por algo que apenas estás comenzando a reconstruir — aunque todavía parezca solo un cimiento.