“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”
La generosidad verdadera comienza mucho antes de la ofrenda — se decide en silencio, entre tú y Dios.
Dios no quiere ofrendas arrancadas por culpa o presión. Él quiere que tu sí sea completamente tuyo.
Dios se deleita en quien da con un gozo que desborda. La alegría es el regalo dentro del regalo.
Un versículo antes, Pablo habla de semilla: el que siembra escasamente, escasamente cosecha. La generosidad define el tamaño del campo.
Dar con alegría no es un tipo de personalidad; nace de recordar cuánta gracia ya recibiste.
Actúa: antes del desayuno, decide una ofrenda específica para esta semana — el monto, la persona, el día — y anótala junto con un gracias a Dios.