“¡Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros: no sabemos que hacer, y a ti volvemos nuestros ojos.”
Josafat comienza admitiendo lo obvio: no tienen fuerza para esa batalla — reconocer tu debilidad real es el primer paso de una oración honesta.
Esta confesión de confusión no es falta de fe — es el tipo de sinceridad que Dios recibe bien cuando viene acompañada de confianza.
Toda la frase gira en torno a un 'mas' — no sabemos qué hacer, pero sabemos hacia dónde mirar. Ese es el giro de toda oración de crisis.
Josafat le recuerda a Dios lo que ya prometió hacer antes — orar las promesas pasadas de Dios fortalece la fe para el problema presente.
Este clamor se hizo públicamente, delante de todo el pueblo — tu vulnerabilidad delante de Dios puede convertirse en testimonio para quienes te rodean.
Actúa: Di en voz alta ahora, sobre tu situación más incierta: 'No sé qué hacer, pero mis ojos están puestos en ti, Señor.'