“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.”
El templo ya no es un edificio en Jerusalén; eres tú. El Dios santo escogió habitar dentro de tu vida diaria.
La cruz define tu valor. Costaste la sangre de Jesús — vive como quien sabe cuánto vale.
"No sois vuestros" suena a pérdida, pero es descanso: tu vida está en manos de un Dueño fiel.
El sueño, la comida, el descanso y los hábitos no son temas "poco espirituales". Cuidar el cuerpo es cuidar la casa de Dios.
Glorificar a Dios con el cuerpo sucede en gestos comunes: cómo trabajas, descansas, hablas y sirves.
Actúa: antes del desayuno, elige un hábito del cuerpo — el celular en la cama, el sueño, el agua — y entrégalo a Dios como adoración hoy.