“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.”
Nadie le impuso a Jesús nuestro pecado; Él lo tomó sobre sí, en su propio cuerpo, en el madero. El peso fue voluntario.
Pedro no habla del pecado en general — habla de nuestros pecados. Lo que colgaba de la cruz llevaba tu nombre.
La cruz tiene un propósito declarado: que muramos al pecado y vivamos a la justicia. El perdón siempre apunta a la transformación.
Sus heridas se volvieron nuestro bálsamo. La sanidad más profunda del cielo se destiló en las llagas que Él no quiso evitar.
Pedro añade: éramos como ovejas descarriadas, pero volvimos al Pastor de nuestras almas. La sanidad termina en pertenencia.
Actúa: nombra un hábito que pertenece a tu vida vieja, entrégaselo a Dios en voz alta y da el primer paso para alejarte de él esta misma mañana.