“Y David danzaba con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un efod de lino.”
El arca del pacto finalmente entra en Jerusalén — la presencia de Dios volviendo al centro de la vida de su pueblo.
David no danza con moderación calculada — danza con todo lo que tiene, cuerpo y alma entregados al gozo.
Vestido con un simple efod de lino de sacerdote, y no con vestiduras reales, David se despoja de estatus para adorar.
Este momento precede al desprecio de Mical — David ya sabía que la adoración verdadera a veces parece locura para quien observa de lejos.
Cuando Dios se acerca de verdad, el cuerpo quiere moverse — el gozo de David se desborda porque sabe quién está llegando.
Actúa: hoy, al orar, deja que tu cuerpo participe — levanta las manos, arrodíllate, o simplemente sonríe sin vergüenza delante de Dios.